sábado, 14 de junio de 2014

AMOR A LA MEXICANA Capítulo 5


Lorena Donado, la hija de importante exportador portuario. Tenía una magnifica sonrisa, ojos cálidos, cabello lacio negro largo, la tez bronceada, tenía brillo en la mirada. Una silueta envidiable, un alma pura y un corazón muy grande. Su belleza física fue lo primero que llamo mi atención.
En una de mis tantas excursiones por los hospitales, la vi y quede perpleja, era ella. Definitivamente ella era la persona que necesitaba para la pintura que se me había encargado para una campaña de sensibilización para personas con VIH.
 La ministra de Salud de Perú, me había pedido, como favor especial, que le ayudara con unos cuadros para dicha campaña, pues quería mediante ella catapultarse en las encuestas con miras a los próximos comicios electorales.
Y Lorena era perfecta para tal compromiso. Me acerque sigilosa y me presente diciendo:
¿Es usted la doctora encargada de este servicio? Mucho gusto, mi nombre es Ariana Cortez Hidalgo, artista plástica, debo realizar unas pinturas para una campaña de salud y quisiera saber si tendría la gentileza de posar para una de mis pinturas.
Déjeme responder a su pregunta: No estoy encargada de este servicio y si me gustaría apoyar, si me comenta un poco más acerca de lo que pretende hacer. Soy Lorena Donado Rioja, Médico Internista de este servicio.
Bueno, agradezco su interés por participar, no le quitaré mucho tiempo, solo debo pedirle permiso para mirarla mientras realiza sus labores y retratarla. Si no le molesta claro.
Para nada, por mí no hay ningún inconveniente, acompáñeme entonces, que ya voy a iniciar mi rotación.
Y mientras más la observaba, más gestos agradables podían notar. Y cada detalle iba siendo plasmado en mi lienzo, cada gesto, cada mirada, cada movimiento de sus delicadas y suaves manos, y con qué paciencia atendía y como se expresaba. Mi sensibilidad estaba a flor de piel y sentía el aire que respiraba, sentía el suelo bajo sus pies, era como sentir que ella volaba, y los gestos de preocupación y los de alegría al ver mejorías en sus pacientes.
Cuando acabe el cuadro, puse por excusa que era necesario volverla a ver, para darle los últimos detalles, y que si podía ir a mi taller sería fantástico, le di mi tarjeta y ella me entrego la suya.
Me despedí dándole las gracias por su tiempo y su paciencia. Y cuando me acerque para darle un beso de despedida, tropecé y mis labios rozaron muy cerca de los suyos. Fue como si un impacto de electricidad alcanzara mi cuerpo. Gire rápidamente y me fui.
El desconcierto se apoderó de mí, ¿Qué había ocurrido? Acaso estaba a punto de sucumbir en un nuevo sentimiento nunca antes experimentado y que algunos llaman erradamente ¿Amor?
No, quizás era solo una fuerte atracción y nada más.
A la mañana siguiente, recibí una inesperada visita. De pie, y frente a mi puerta estaba Lorena, vestía unos jean apretados y una chamarra de cuero color café.
Hola, dijo ella. Sé que puede parecer sorpresiva mi visita pero no aguante las ganas de ver… los cuadros que pintaste ayer.
Bueno, aún le faltan algunos detalles, pero si deseas te puedo mostrar cómo van.
Me encantaría, dijo sonriente.
El recibidor le abría paso al jardín empedrado que conducía al patio principal, al centro, una modesta pileta con un ángel. Una escultura de mármol al lado de la puerta principal nos recibía con un aire a grandiosidad.

En la sala el David de Miguel Ángel se erguía majestuoso, Y algunas imágenes más adelante que no reconocía, cautivaron mis ojos. Ariana era una excelente artista, tenía un fino gusto para los acabados y los detalles. Me gustaba la decoración de su casa, y finalmente me llevo al taller que estaba junto a su cuarto y dentro de su casa, en un área separada, era un cuarto blanco, y dos enormes ventanas le daban paso a una maravillosa vista, a lo lejos se distinguía las costas de la playa Manzanillo, una de las más bellas de todo México.
El primer lienzo mostraba a una mujer demacrada que trataba de esbozar una sonrisa de mejoría, pero una profunda tristeza en sus ojos nublaba su mirar, Lorena hacía un perfecto contraste, pues tomaba entre sus manos las decaídas y débiles de la otra mujer, y luego de una breve conversación conseguía mejorar su ánimo, era un efecto casi mágico. Como conmovedor. Le pregunte por la historia de aquella mujer.
Casi puedo sentir que estoy nuevamente ahí, me dijo. Ella es Ana Bonett Torres, Era doctora en el servicio de Pediatría, hasta que le diagnosticaron VIH, lo más difícil fue lograr que se repusiera psicológicamente del trance.
La enfermedad ha avanzado bastante y su salud no mejora, los médicos damos por perdida cualquier acción. Ella misma ha perdido la fe.
Pude notarlo, le dije. Esa inexpresión de su rostro y ese pesar en su mirar, jamás eh visto una imagen similar.
Bueno, aún hay mucho por hacer, y mientras ella siga luchando, la batalla no habrá terminado. Me gusta tu determinación le dije. Y sentí unas ganas locas de besarla.
¡Qué mujer! Era una dama en todo el sentido de la palabra. Dejo su mano a mi alcance y yo la sostuve, al tiempo que decía, eres valiente, eres la ladrona de causas perdidas.
Me miro extrañada y fue ella quien esta vez poso su mano sobre la mía. Y me dijo: En realidad, las personas más valientes somos, las que más veces hemos atravesado momentos de cobardía.


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