Llovía,
hacia demasiado frio y el mar me rociaba con su aroma salino directo en la
cara. Era uno de esos días nublados que te dan paso a reflexiones sobre la vida
y sobre el amor.
Sobre
ese amor que a veces buscamos, sobre ese amor que llega cuando menos lo
esperamos o que está ahí pero no lo notamos, porque queremos negarnos a amar o
porque sencillamente no aprendimos a detectarlo. Pues no es claro como aprender
si es que en la escuela de la vida no te lo han enseñado.
Pero,
la vida no está compuesta solo de recuerdos, también de sueños, esos que
planeas hacer cuando seas grande y que, para tu congoja no siempre se cumplen
como los soñaste.
Mi
pequeña María Fernanda cumpliría 21 años en noviembre de este año, le había
prometido que su fiesta de cumpleaños sería en México, con un viaje pagado para
ella y sus amigas. Podía darme ese gusto, las cosas en la constructora iban
bien y mi marido el Ingeniero Mecatronico Fernando Montenegro, era una de las
personas más influyentes del país. ¿Qué podía salir mal?
Meses
atrás me había enterado que mi hermano Declank y mi hermana Laura habían salido
públicamente del closet. Fue algo intenso. Su vida era pública, ella era una
cantante y él era dueño de una conocida disquera internacional. Ambos
trabajaban juntos, pero jamás pensé que los rumores fueran ciertos.
A mí
no me afecto tanto, pero si a mi hija. Estaba decidida a no dejar que este incidente
fastidie su excursión por Norteamérica.
Gritos
de libertad en el Distrito Federal, justo viajo una fecha cercana al 28 de
junio, típico de esta fecha, la marcha del orgullo gay. Miles de banderas con
los colares del arcoíris se levantaban por el cielo, había un aire de hermandad
en el ambiente, desde San Francisco hasta New York. Desde Jalisco hasta Puebla.
Lugares pequeños, lugares grandes, todos estaban invitados a esta cita con la
unión. Y claro María Fernanda, mi hija, no lo soportaba. Suficiente había sido
para ella enterarse lo de sus tíos, fue tan impactante que, dejo de hablarles.
Una
mañana la desperté.
Fernandita
hija, levántese que llega tarde al aeropuerto.
Ay
mamá, que ya no soy una niña, simplemente no me dan ganas de viajar.
Pero
que estás diciendo niña, tenemos los pasajes comprados con un mes de
anticipación sabes que si los perdemos tardaremos mucho en regresar.
No
me importa. No voy a viajar.
Al
principio creí que era un capricho suyo, luego, con el pasar de las horas
comenzaba a preocuparme. Sobre todo cuando vi que ni siquiera se había
levantado de la cama, tan solo faltaba una hora para que el avión con
destino a Lima partiera.
Mira
hija, dije enojada, si quieres quedarte es tu problema, pero te advierto una
cosa, no cuentes conmigo para volver. Dije sin estar del todo convencida de lo
que decía.
Mi
soberbia no me permitió observar la foto que mi hija sostenía entre sus manos,
ni sus ojos llorosos, ni las marcas en su piel.
Vete,
dijo ella. Márchate como haces siempre que tengo un problema.
Pero
yo ya no oía, ya estaba en el auto. Pensando que en algún momento de los 45
minutos restantes, ella se vestiría, haría su maleta, dejaría nuestra mansión
en México y me seguiría.
Ya
era hora del abordaje y María Fernanda no aparecía, seguramente se ha quedado,
dije. Ay, mi hija me conoce bien, sabe que no la dejaría desamparada. No
obstante, me preocupa su decisión.
Llegué
sin novedad a Lima, Julieth mi fiel chofer estaba esperándome en el aeropuerto.
Debo reconocerlo señora Sofia, siempre se ve radiante, no importa si viene de
México o si apenas acaba de levantarse, dijo ella. Por cierto linda, dije yo, ¿Qué
sabes de mi marido? Nada señora, aún no ha vuelto de Las Bahamas, según él
tiene una importante convención de negocios.
Bueno,
si el gato está de vacaciones… los ratones hacen fiesta, completo ella,
lanzándome una sonrisa coqueta.
Fuimos
a la casa de playa, solo ella y yo. Debo reconocer que mis hermanos eran muy
valientes para mostrarse tal cual sin temor, siendo ellos sin nada que
esconder. Yo por otro lado, no me atrevía a admitir mi infidelidad, ni mucho
menos que era parte de ese mundo que tanto negaba.
Pero
Julieth era una amante excelente, hacía que olvidara todas mis preocupaciones,
todos mis problemas sucumbían ante sus cálidas palabras, ante esos susurros
mientras hacíamos el amor, ante esas frases tan excitantes, y con tanto amor, ¡oh
sí! Ella me amaba como nadie, ni siquiera me sentía así en los brazos de Fernando.
Y pensar que todo empezó como una broma de mi marido.
Me
decía, no quiero que me seas infiel. Ni siquiera con el chofer así que mañana
mismo contrato a una conductora para que te lleve a donde debas ir.
Sus
celos me dieron risa. Jamás pensé que cometía el peor error de su vida.
LLORE
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