Estaba
en una discoteca, era tarde, mi madre no se había dado cuenta que salía, o si
lo noto no me dijo nada. Yo era María Fernanda, la reina de la noche.
Mis
amigas Carolina Herrera y Coraline Chanel (coco de cariño) me estaban acompañando
en el viaje más interesante de toda mi vida, esto con motivo de celebrar mi
cumpleaños número 21, Fuimos a La Calle siete, una discoteca de ambiente en
México, mis dos amigas eran , como decirlo, eso , ya saben.
Yo
siempre tuve la curiosidad, pero nunca
quise atreverme a probar, sobre todo por mi temor a ese mundo. Y sobre todo por
lo repulsivo que me resultaba ahora que mis dos tíos favoritos habían
declarado, ese asunto.
En
fin llegamos y noté que todas se quedaban mirándome, no solo era una niña fresita
como suelen llamar a las chicas con clase y adineradas, sino que esta niña
además era muy bonita, ya adentro mis amigas conocieron a dos simpáticas
chicas, una se llamaba Josefa y la otra Jenny, y a claro a mí no me quedo otra
que hacerla de violinista. Realmente me aburrí, sabía que en un lugar así no
encontraría a nadie.
Coco
me trajo una botella del mejor tequila de México, una botella de José Cuervo,
recuerdo. Y Carolina una de Whisky, Jhonnie Walker. Así que a mí me pareció
divertido bautizar a las recién conocidas con esos nombres y dije: hoy
conocimos a José cuervo y Jhonnie Walker en persona, mi broma no les hizo mucha
gracia. Se acabaron las risas y ellas siempre a la defensiva sacaron dos
enormes pistolas, ahí note que no solo se acercaron a nosotras por nuestra
belleza, querían algo más.
Un
par de palabritas cariñosas por parte de mis amigas y ellas bajaron las armas,
pero ya habían quedado al descubierto. No paso mucho tiempo para que la policía
se hiciera presente, de seguro alguien había cantado. Estábamos en una zona
rosa y no lo sabíamos. Para nadie es un secreto que en México, corre sangre
pólvora, coca, dinero y narcotraficantes. Pero así como existen las almas más
sucias y corrompidas también están las almas más puras y las cosas más
espirituales y bellas que puede haber. Y eso lo descubriría más adelante.
Empezaron
los disparos y yo me había separado de mis amigas para ir al baño, atine a
tirarme al piso, sentí como algo húmedo recorría mis piernas y pensé, no puede
haber momento peor que este para que me venga la regla, ¡Oh no! No era eso.
Efectivamente
era sangre, sangre que brotaba de un pequeño agujerito cerca de mi entrepierna.
Si seguía desangrándome era seguro que moriría, espere que terminara el
tiroteo. ¡Dios! ¡A qué discoteca de mierda hemos llegado a parar!
Sentí
que se me nublaba la vista y me desplome. Cuando abrí los ojos estaba en el
hospital y una doctora examinaba mi pierna.
¿Qué
pasó? Dije tratando de parecer sobria, me duele la cabeza.
Relájate
dijo ella, sosteniendo mi mano, fue difícil pero salvamos tu vida. Habías
perdido mucha sangre, así que tuvimos que hacerte una transfusión,
afortunadamente tienes le mismo grupo sanguíneo que yo.
¿Quiere
decir que me dono su sangre?
Si
quieres llamarlo así, es mi trabajo, vivo para salvar vidas.
¿Puedo
saber su nombre? pregunte tratando de contener ese sentimiento de gratitud que
brotaba de mi pecho.
Lorena,
dijo, mi nombre es Lorena Donado. Soy médico cirujano, y estaba de guardia
cuando te trajeron, ahora si me disculpas debo ir a ver a los demás pacientes.
Claro,
le dije, y que pasa si necesito algo, no sé, como puedo comunicarme con usted.
Se
rió, si quieres puedo darte mi número, dijo mientras se alejaba.
No hay comentarios:
Publicar un comentario