martes, 7 de febrero de 2017

Amor al estilo bahía

Eran las tres de la mañana de un día cualquiera, caminaba por la playa mientras pensaba en ella.Donde estaría, a quien dedicaría ahora sus suspiros, a quien le diría te quiero. Me dio sueño y me recosté a dormir en una de las habitaciones de la cabaña que habíamos alquilado.
Pasaron muchas horas cuando desperté ya había anochecido.
A lo lejos Cristina me llamaba y me decía: Es hora de la cena amor.
Deje el libro entrecerrado en el capitulo que hablaba del comandante español y la criada, un amor idílico, pero nunca tanto como el mio.
A veces, pienso, es más fácil fingirse enamorada y no sufrir; que mostrar realmente el alma.
Cristina me vuelve a llamar, esta vez con un halo de frialdad en la mirada. Esta bien , voy ! Le digo para calmarla.
Nuevamente ha llamado mi publicista  y esta vez ha contestado Cristina, no me lo ha dicho pero sospecho que ya lo sabe.
Los diamantes que compre en París no son para ella, son para mi antigua amiga Eva María que ha llegado a la bahía en la que me encuentro.
Durante la cena Cristina me pregunta por Eva, le digo que es solo  una vieja amiga a la que no he visto en muchos años,le cuento el incidente en Guatemala cuando casi me descubren cruzando la frontera de manera ilegal y ella me ayudo aun sin conocerme, pero omito la parte en la que Eva me llevo a su hotel y me abrió las puertas de su habitación así como logro seducirme y llevarme a su cama.
Ese es un episodio entre nosotras, pienso, al tiempo que Cristina me mira intrigada y hace una pregunta que no logro oír, estoy sumergida en recuerdos.
 Gracias por aceptar mi invitación a comer dijo Eva al tiempo que se quitaba el abrigo de piel y sus hombros relucían un hermoso bronceado.El gusto es mio, respondo. Respiro hondo y pregunto donde queda el baño? Atrás de la puerta de entrada responde ella, te acompaño agrega?Con una mirada cómplice. Quiero negarme pero ella insiste, me toma de la mano y me conduce al baño.
Entramos en el y ella ni corta ni perezosa se lanza a mis brazos me besa el cuello y así empieza el juego.
Eva me desviste tímidamente y yo con mucho cuidado trato de ser lo mas delicada posible. Cuando ella esta por quitarme el vestido la detengo.
Creo que esto ha ido demasiado rapido, digo, me incorporo y retiro sus brazos de mi cuerpo.
Ella se queda turbada, yo aprovecho su estupor y me visto, vuelvo al comedor y recojo mi bolso.

Que si han quedado para verse hoy ! Repite Cristina casi gritando.
No lo se respondo fastidiada pregúntale a Susanita mi secretaria.

Mi mente regresa al juego de aquel día. Cuando estaba apunto de irme Eva me detuvo, pregunto por Beatriz mi amante de entonces, me dijo que si realmente la quería no hubiera aceptado la invitación que ella me hizo, y si que lo sabía las cosas entre Beatriz y yo no iban muy bien. Me alcanzó una copa de vino y me dijo quédate al menos tomemos una copa para olvidar lo sucedido.
Y es que yo no quiero olvidar le dije, pero esta mal, no puedo dañar así a Beatriz.
El sabor del vino tinto despertó en mi bajas pasiones y sin querer esta vez no me contuve, fui yo quien se quito el vestido, Eva aprovecho y me condujo a su cama.
Las imágenes se tornan difusas, solo tengo vagos recuerdos de como lo hicimos, a ratos era ella quien me tenia entre sus brazos y a ratos era yo quien la mecía entre los míos.

Dije: Que si vendrás mañana también?
 Qué! Digo algo desconcertada. Cielos Hailey parece que hablara con un fantasma, no me has escuchado ni la mitad de lo que te he dicho.
Lo siento Cristina, me disculpo y me levanto de la mesa.
Es tarde debo irme.
Vendrás mañana? Vuelve a preguntar.
Ojalá, respondo.

Al día siguiente tengo cita con unos exportadores de frutas, almuerzo con el alcalde de un pueblo pequeño en Guatemala cuyo nombre no recuerdo. Y he dejado para la cena mi encuentro con Eva.

El día transcurre sin novedad, casi no presto atención a los detalles del envió de frutas, de eso se encarga Susanita, que va conmigo todo el día, casi no soporto su presencia , pero es un mal necesario me digo.
 A la hora del almuerzo Susanita se desvive en halagar mi trabajo frente al Alcalde quien considera muy apropiada mi ayuda a su campaña de reelección.
Son las 6:00 p.m. de la tarde y no se que ponerme. Le pido una opinión a Susanita y me indica que el blaiser rosado es muy formal para una cita casual que mejor vaya con una blusa y un pantalón de vestir, yo odio las blusas le recrimino y busco una polera y unos jeans.

Tomo un taxi y llego al restaurante en el que acordamos la cena, cielos digo antes de entrar, olvide que reserve en un restaurante cinco tenedores y que solo ingresan con traje de gala.
Regreso al hotel a cambiarme afortunadamente aun falta media hora.
Nuevamente es Susanita quien me salva del apuro me tiene listo un vestido negro impecable y unos hermosos zapatos . Regreso al restaurante y paso apresurada hacia la mesa reservada, pero cual sería mi sorpresa al ver que Eva estaba acompañada y era nada menos que mi publicista.
Me siento intrigada, saludo a Eva con un beso en la mejilla y le pregunto a Diego mi publicista que hace ahí,el me responde con una enorme sonrisa que quiso traer personalmente los diamantes que le encargue comprará en París.
Saca una pequeña pero solemne cajita y la  pone sobre la mesa.
Le pido a Diego que se retire, que le  agradezco el detalle pero no veo el motivo de su presencia en nuestra mesa. Diego se despide de Eva y hace un gesto como para despedirse de mí.
Saco el collar de su caja y se lo coloco a Eva , al roce de mi piel su cuerpo se estremece y puedo sentirlo.
Cuando de repente llega Susanita para arruinar el momento diciéndome que Cristina ha tratado de suicidarse y antes de que pueda decir palabra se desmaya. Pedimos una ambulancia para ella y llamo a casa para saber si es cierto lo que decía.
Me contesta  Claudio el mayordomo, confirma mis sospechas, Cristina lo ha intentado, ha tomado lejía al encontrar una carta que pensaba darle en estos días. En la carta me despedía de ella y le pedía que no llorara por mi ausencia y que aun podíamos ser amigas.
Me despido de Eva , Salgo a toda prisa, voy por el coche y manejo muy rápido al hospital local, cuando pregunto por ella me dan la mala noticia . Es demasiado tarde , ya ha fallecido.

Pasaron 6 años desde su partida, aún no he dejado la bahía, en las noches aun me parece escuchar su llamado para ir a cenar, me he olvidado de Eva, ahora Susanita dirige la empresa en la que trabajé, pedí mi finiquito y me fui a disfrutar de la bahía, pensando en el amor que se fue.




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