¡Qué
nos pasó?
A veces en la vida, hay que
encontrar más de una salida, a veces aunque duela hay que olvidar.
Eme aquí, presa del
remordimiento, de una tristeza inmensa que invade mi cuerpo, una fase de manía
y luego una adicción.
A veces miras atrás y
quieres borrar tus errores, pero te preguntas: ¿Hoy estaría aquí, en esta situación
si no me hubiera equivocado? Suspiro, me rió, bostezo y sigo mi vida, como una
liebre, veloz como el viento, pero que ante la carrera decisiva, se queda
dormida. Y deja sus sueños pasar y prefiere presenciar el presente.
Y no sabe qué hacer, el pánico
la invade entra en angustia, se retuerce por dentro, por fuera ella sigue
siendo igual. Calla, pasiva, tal cual.
Luego un alivio inmenso, el
pensamiento más sublime, Dios, la conciencia de un ser creador, que te cuida y
te entiende. Y su hijo, Jesús, junto a María su madre. Cantar alivia el alma,
te da esperanza retrasa el dolor y te motiva, te da una luz.
Que a veces la soledad es
mucho mejor que la mala compañía, que no se puede medir el valor de la familia,
pero esa que no se olvida de ti y te abandona, o no te entiende. La verdadera familia,
es aquella que te rescata de ti misma y te enseña a ser gente.
Solo me queda respirar
encomendarme al Señor y planear mi futuro, con cautela y tino. Siendo consciente
de los pasos que conlleva cada decisión.
No hay comentarios:
Publicar un comentario